La última vez que la vi...
La última vez que la vi vestía ella de negro, quizás iba
de luto por la muerte de un ser querido, sus ojos se veían cansados y su rostro
estaba gris. No quise hacer preguntas, indagar sería oscurecerla más. Sólo me
senté ahí y esperé.
La intriga me empujaba hacia el borde del abismo, me
esforzaba por no caer. Alcé la mirada hacia sus ojos achinados y pude ver una
tormenta en su cielo interior. Guardé silencio y me preguntaba qué pasaba.
Evidentemente ella no estaba en el lugar, sino en otro muy lejano, aunque la
tuviera sólo a centímetros.
Rompió el silencio, al abrir la compuerta de su alma y
sus brillosos ojos chinos me miraron justo cuando comenzaron a caer sus lágrimas. Gota tras gota
sus sentimientos se suicidaban, no querían vivir más. Su bondad se colgó de un
árbol y su felicidad hizo maletas y tomó el primer vuelo a cualquier lugar. El
recuerdo y el rencor corroyeron su base hasta dejarla en el suelo. Un candado
sin llave se acercó a su corazón y lo puso tras las rejas. Junto a él, su
verdadera razón de ser. El odio y la maldad se apoderaron de ella y ella
simplemente dejó de respirar.
Buscó el amor con los verdugos de los vicios, buscó su
sentir en la esclavitud del placer, no importaba ya quien era ella ni a quien
dañaba, pues ya ella no sentía, ya ella no amaba, ya ella no vivía para ella,
sino para el recuerdo.
La última vez que la vi ella vestía de negro, lloraba la
muerte de su existir.
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