Amar así...
He llegado a pensar unas cuantas veces si de verdad vale la pena continuar con algo que no es sano.
Por ejemplo, veamos esas relaciones cuando terminan y vuelven cada semana... ¡O cada dos días!
¿A que voy con este punto? Sencillo: es la señal más grande del mundo que te indica que esa relacion ya no tiene nada que avanzar, pero nosotros, como humanos, estamos programados para sufrir hasta más no poder.
Somos tercos, imbéciles. Cultos y estudiados, puede que si, pero eso no nos ayuda. Si nos enamoramos, un título universitario no sirve en estos casos. Estamos dispuestos a perder cada minuto de nuestro tiempo en hacer feliz a una persona, y, cuando ocurre el milagro de que esta persona también invierta sus horas en ti, comprendes que no todo puede ir tan mal.
Y nada va mal a las primeras de cambio. Todo es luz, diversión, color, dulce, y toda las cosas cursis que se te puedan ocurrir en este momento. Pero todo eso comienza a acabarse cuando aparecen los problemas, muchas veces creados e imaginados por nosotros mismos, siendo la otra persona la inocente.
O cuando reaparecen fantasmas y, con ellos, los miedos. Recuerdos de vidas pasadas, de relaciones dejadas atrás, pero no precisamente los bonitos y risueños. No. Sino justamente aquellos por los que decidiste comenzar una vida nueva.
Tal vez, esta concepción se haga conocida para algunos. Para otros puede ser distinto. Conozco también personas que han durado todo una vida y los problemas parecieran no existir, ni siquiera las terceras personas, porque simplemente no hacen falta.
Cuando de verdad amas a alguien (o crees amarlo), una segunda opción no tiene cabida. Si existe, entonces nunca amaste a quien creías amar.
¿Diversión extra? ¿Aventura? ¿Algo nuevo? ¿Probar "un plato distinto"? ¡Cuánto nos agrada correr riesgos, sin darnos cuenta el daño que esto nos puede acarrear! Tal vez nos terminamos quedando con esta nueva persona o, tal vez, de tener dos, podemos pasar a tener ninguna.
Amar así, no es amor propio.
Comentarios
Publicar un comentario